Durante décadas, el sector energético brasileño se ha caracterizado por su resiliencia y una sólida inversión en infraestructura. Si bien esta solidez genera percepciones positivas sobre el presente y optimistas sobre el futuro, se acompaña cada vez más de una mayor presión por la sostenibilidad, la eficiencia operativa y el surgimiento de nuevos modelos de negocio que están transformando las expectativas y demandas de las empresas. Ante este escenario, la innovación deja de ser un factor diferenciador y se convierte en un pilar esencial para la transformación y la supervivencia del sector.
Históricamente, la estabilidad y la seguridad del suministro energético han sido las prioridades absolutas del sector, lo que ha llevado a la construcción de grandes estructuras, con inversiones masivas y largos ciclos de vida. Sin embargo, la transición energética ya no permite a las empresas cruzarse de brazos y refuerza la necesidad de descarbonizar sus operaciones, integrar fuentes renovables intermitentes, optimizar el consumo y responder a un consumidor cada vez más activo y exigente, que exige una nueva mentalidad.
Este escenario es coherente con el estudio «Sustainable Corporates 2025», realizado por Morgan Stanley, que revela que el 65% de las empresas cumplen o superan sus expectativas con iniciativas ESG, pero el 24% aún cita el alto nivel de inversión requerido como una de las mayores barreras. Para lograr estos objetivos, es importante que los ejecutivos comprendan qué herramientas innovadoras se necesitan para permitir operaciones efectivas alineadas con estas directrices.
Además, es crucial que las empresas desarrollen un enfoque estratégico para el uso de tecnologías de inteligencia artificial. Si bien su aplicación para análisis y diagnóstico ayuda a reducir el consumo, es necesario ser cautelosos con respecto a la demanda energética para la construcción de centros de datos que posibiliten sus actividades, lo que requiere acciones alineadas con las mejores prácticas ESG, con énfasis en la eficiencia energética de estas infraestructuras.
No existe una única solución ni tecnología disruptiva capaz de transformar el sector energético de forma aislada. El verdadero cambio provendrá de una combinación de innovaciones incrementales y transformaciones radicales en varios frentes. La combinación de avances en almacenamiento de energía, digitalización de la red, nuevos materiales e incluso la reinvención de los modelos de comercialización de energía impulsará el cambio.
En este escenario, tecnologías como los Gemelos Digitales cobran relevancia al permitir la simulación virtual del funcionamiento de plantas solares y eólicas. Basados en principios físicos combinados con algoritmos de Inteligencia Artificial, estos modelos permiten análisis técnicos más precisos, lo que respalda la toma de decisiones centradas en la eficiencia operativa.
La clave reside en crear una cultura corporativa centrada en la innovación. Para que la inversión tenga un impacto práctico en las operaciones y los resultados del sector, las empresas deben estar dispuestas a experimentar, lo que implica aceptar riesgos calculados, reconocer que no todas las iniciativas tendrán éxito inmediato y aprender de los errores. Esto implica crear entornos que fomenten dinámicas colaborativas, el intercambio de conocimientos, el intraemprendimiento y el establecimiento de alianzas con startups y universidades. En resumen: es importante estar abierto a nuevas ideas, independientemente de su origen.
El camino es desafiante, pero la oportunidad de construir un futuro energético más sostenible, eficiente y resiliente compensa todo el esfuerzo realizado y todo lo que queda por hacer para transformar el sector. Por André Sih, fundador y socio director de Fu2re.



